El acoso escolar se define como la conducta agresiva y deliberada que implica un desequilibrio de poder o de fuerza.
La modalidad de acoso es por motivos de raza, religión, por
su aspecto, su forma de hablar, etc. La edad más común de
acoso escolar es en la secundaria.
El acoso electrónico o cibernético o crueldad social en
línea se define como el acoso a través de la difusión maliciosa de información en la red, en mensajes de texto, redes
sociales, correos electrónicos, en páginas web, blogs, salas
de chat, etc. Puede ser información en texto, fotografías
o imágenes modificadas o editadas. Todo a través de una
computadora o teléfono móvil.
COMO SURGE
La mayoría de los casos de ciberbullying tienen tres rasgos comunes que agravan este acoso en redes sociales, chats, correos electrónicos o videojuegos: anonimato, falta de percepción del daño causado y roles imaginarios en digital. No obstante, antes de entrar a hablar sobre las principales características, intentemos equiparar el ciberacoso a una versión digital del bullying, y comprendamos que, además, es posible que muchos acosadores no solo hostiguen a las víctimas en un contexto social —el instituto donde estudian, el barrio donde viven, el trabajo que comparten—, sino que este se extienda ese acoso hacia el espacio digital. El caso contrario —el paso del ciberbullying al bullying— es posible, y se han detectado casos, aunque menos habitual.
¿Pero
de dónde surge ese hostigamiento que el agresor ejerce contra la víctima? Hoy,
la psicología entiende al acosador como un depredador moral cuyo
objetivo nace de la presencia de profundos sentimientos de inadecuación
personal y profesional en el inconsciente —lo que solemos conocer como complejo
de inferioridad—. En lugar de aumentar su propia autoestima, el
acosador reacciona ante cualquier persona o situación que pueda recordarle que
él está mal, ridiculizando, humillando o criticando a sus víctimas. Aunque esta
definición podría servirnos para el acoso en las escuelas también, agregar
las TIC supone varios contratiempos que aumentan aún más la gravedad del
ciberacoso. Esto son:
1. El
anonimato, o posible anonimato, ofrece una situación de
ventaja estratégica al acosador y una mayor indefensión a las víctimas; sobre
todo cuando se dan graves casos de chantaje o sexting.
2. La
falta de una percepción directa del daño genera puede
generar un ciberacoso mucho más agresivo y violento psicológicamente, en el
que, además, la empatía del acosador se vuelve casi inexistente por la
invisibilización de la otra persona en Internet.
3. La
posible adopción de roles imaginarios en
la red también puede fortalecer el poder del acosador y medrar la autoestima de
la víctima.
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